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Sobre Dos Rivers

Entre las colinas, granjas y fábricas de quesos de West Marin, un pequeño grupo de fotógrafos latinos se ha labrado una práctica artística, y al mismo tiempo ha creado una comunidad resiliente. Juntos, forman un poderoso enclave de la diáspora mexicana en Point Reyes, California.

Muchas iniciativas que apuntan a crear comunidades sólidas fracasan sin una organización constante que unifique al grupo. Dos Rivers, ilustra cómo una práctica creativa, como la fotografía, puede tener éxito en el cultivo de los líderes que tienen como proyecto en sus vidas cohesionar a la comunidad. Este documental es la celebración de una comunidad que crece cada vez más fuerte y que tiene como objetivo lograr equidad social a través del trabajo creativo y el respeto por la diversidad.

El Latino Photography Project, fue originalmente diseñado como un programa para enseñar inglés, fotografía e informática a mujeres latinas en los ranchos locales. Comenzó sus actividades en 2003 con la exposición colectiva: “¿Quién abre las puertas del pueblo por la mañana?”. En esta exposición, las estudiantes documentaron la composición étnica y socioeconómica de las personas que atienden los negocios en el centro de la ciudad. Desde ese entonces han surgido varias generaciones de fotógrafos quienes han ido desarrollando su propia narrativa visual.

Esta actividad ha llevado a las comunidades latinas y anglosajonas a interactuar de manera colaborativa en un proyecto artístico, y a desarrollar un conocimiento humano y una comprensión muy profunda entre uno y otro grupo.

El trabajo que crean estos fotógrafos (con la ayuda de expertos en fotografía y voluntarios) ofrece una visión íntima de sus vidas. Las historias narradas visualmente sobre sus familias, sus costumbres, sus trabajos y sus experiencias en los ranchos, ha logrado que la comunidad toda se convierta en una sola, amalgamada, en donde unos y otros se han integrado a las costumbres culturales del otro. Ellas y ellos comparten las celebraciones tradicionales tanto de la cultura mexicana, como de la regional. Y no sólo comparten sus alimentos, su música y sus bailes, sino que participan, celebrando en la cotidianidad, el reconocimiento del otro y el aprecio mutuo.